lunes, 2 de noviembre de 2009

Quiero que sepas que...

Ya podés ingresar, ya estamos llegando!... Y como dice aquel poema... "Quiero ser tu impaciencia" ...



WWW.ELCAOSQUETEPARIÓ.COM.AR




Abrazo Digital.
Que se mejoren!

martes, 13 de octubre de 2009

PRESTAME ATENCIÓN, CHE!!!

Queridísimos y Queridísimas (y todo los demás también)

No desesperéis!!! ElCaosQueTeParió se encuentra trabajando en su nuevo formato de PáginaWeb. Ampliando su Staff y recopilando mucho contenido para que a esta renovación de espacio no le falte nada de nada.

MUY PRONTO estaremos con ustedes en nuestra nueva dirección. Por el momento, sepan esperarnos, como siempre lo han hecho, y como siempre nos lo hacen notar con esa hermosa impaciencia insoportable de preguntarnos cuanto falta!

Por todo eso, MUCHAS GRACIAS…

Ahora, hagan de cuenta que están en la sala de espera de un Hospital Privado y no tienen mutual, ni tampoco un buen contacto como para que los atiendan como es debido. Por lo tanto, para matar el tiempo muerto, lean:

- “Poemas del Caos” – Unos ochos poemas que hasta hoy han descansado en la cama cucheta del disco rígido, y hoy han decidido levantarse de la siesta.

- “Once” Cuento que se encuentra en la edición de mi libro “El Ocaso del Caos”. Publicado por Espiral Calipso [Editorial rosarina e independiente]

Hasta dentro de un rato.

Que se mejoren.

Abrazo Digital.

POEMAS DEL CAOS


Primer Caos

He querido darte la mano cuando se apagó la luz.

No pude encontrarla y aún hoy la busco,

desde la resaca de mi sangre, desde el seno de mis huesos,

desde mis entrañas nace la fuerza.

Ese dolor que nos regala el ímpetu de la impotencia,

hoy sigue siendo el combustible,

la maquina absurda que avanza sobre nuestras cabezas.


Segundo Caos

Yo no puedo obligarte a que vos sueñes lo mismo…

Cada sangre tiene sus propias burbujas, su propio ritmo y un desorden único.

Cíclico. Letal.


Tercer Caos

For miss Glass. For the rest of the time.


La sangre haciendo malabares,

recorriendo los cuerpos que flotan,

que se deshacen en un abrazo flaco,

tremolante, un abrazo que explota,

llena océanos extinguidos y vuelve a explotar.

A nacer y soñar, acariciando la paz,

oliendo lo que vierten los labios,

el ron y el humo, el color cereza de tus muecas,

ese olor, tu olor, tan mío que lo abrazo,

tan tuyo que lo olvidas, tan nuestro que lo guardo,

tan natural que nos sorprende, tan vital que nos exige…

A desnudarnos, a dormirnos, a volver a explotar.


Cuarto Caos

"...Las personas que nos quieren tienen derecho a odiarnos de vez en cuando..."

Adolfo Bioy Casares, Dormir al sol


Flores mutiladas en la forma de una vacilación oscura,

con finísimos recuerdos de ayeres y mañanas.

Se me hace ginebra la boca cuando pienso en tu cintura;

de una manera u otra te imagino, ansioso y solo,

desnudándote con los dedos hirviendo,

vistiéndote despacio por el cansancio.

Así comenzamos a matarnos, a incinerarnos

y a mojarnos; a mojarnos con aceites inservibles,

a caminar por la resbaladiza soledad,

a sostenernos las manos resecas.

Acá estoy como siempre,

acércate, usúrpame,

juntemos la ebullición de los cuerpos,

quiero ser tu impaciencia.


Quinto Caos

Estoy viendo todo, desde otro lugar, y vos no me ves, solo me miras.

Te escondes y me observas, como una niña en el jardín,

como si el cielo fuera tuyo, como remontando un barrilete invisible

Estoy viendo todo, desde otro lugar, y vos no me ves, solo me miras.

Te perdes en tu planetita, como el silencio en la oscuridad,

como jugando a ser un hombre ciego, como aceptando que ya no estoy.

Estoy viendo todo, desde otro lugar, vos no me ves… ni siquiera me miras.


Sexto Caos

Caigo otra vez en la barbarie, me asusto y busco fuego.

Sujeto a la luz de alguna estrella, resisto y soy la tierra.

Agua. Aire. Usted. La sangre y Dios. Nadie. Otros.


Séptimo Caos

Ni siquiera ganas, solo miedo trivial.

Así nos pudrimos solos, como un cíclope histérico y estéril,

con su resentimiento part-time a flor de piel.

Ofuscado, por nada, solamente por tener la posibilidad de respirar,

por hacerme cargo de este cielo cubierto con color a bolsa de consorcio,

por haber recordado algunos versos perdidos de otro tiempo,

de otra índole, de otro amor y de otro odio impreciso.


Octavo Caos

Vanagloria.
Derrota en vano.

Nada nos hiere solo nos humilla.
Nada nos refresca solo nos sumerge

La venganza de ese abismo virgen,

se inhibió y se cobijo en un pecho materno

ONCE


A Julia Musitano

Era martes, su último día en Argentina. El vuelo saldría a las seis de la mañana del miércoles siguiente. Moustapha estaba parado en la esquina de Azcuenaga y Corrientes, al lado de su paraguas rojo lleno de bijouterie dorada y plateada. Su piel crudamente negra contrastaba perfectamente con la camiseta blanca de la selección de fútbol de Senegal. Sus dientes color crema relucían sin esmero, detrás de una sonrisa enorme que se desató cuando pudo divisar que Natasha se encontraba a unos metros. Él la esperaba ansioso, con los brazos abiertos, haciendo morisquetas africanas, mirando el cielo, feliz. Ella se sonrojaba, se la veía contentísima y eso la atolondraba; avanzaba con pasos grandotes y torpes, con sus dientes amarillos, sus granos hechos cascarita disfrazados con mucha base, y su delatadora barbita incipiente, desprolija; ese rasgo apacible que le maquilla la vida.

El abrazo fue un estruendo, un aluvión de fuerza, una catástrofe de deseo, una usual histeria de dos enamorados. Se besaron y se acariciaron con una ternura ecuestre; y entre sollozos epifánicos se murmuraban palabras cortas y sonsas, en un idioma que ellos dos habían inventado.

Desarmaron el paraguas y guardaron todo. Caminando por Corrientes tomados de la mano, iban en silencio, cada tres o cuatro pasos se miraban y reían a carcajadas, ella le besaba el cuello o jugaban como dos púberes, rozándose nariz con nariz. Iban a un paso lento, distraídos del mundo, esquivando las miles de personas que caminan corriendo por la vereda, a los vendedores ambulantes de sapitos a batería que nadan durante horas, de lupas importadas a diez pesos o dos por quince, de breteles de silicona, de anteojos de sol, de libros para que vuelva tu pareja, de codificadores de televisión por cable, de churros, de chipá y de imitaciones de Vitorinox… Caminaban por eso que es el Once, un barrio como ningún otro, especialmente al mediodía. Toda esa voracidad aumenta por instinto, se siente un clima realmente insalubre, atmosféricamente identificable, donde todo se cosifica, desde el brazo de un ciego hasta la carita sucia de una nena que toca el bandoneón en Pasteur.

Saciaron su hambre en un kiosco de Lavalle, casi llegando a Paso. Un superpancho con lluvia de papas para cada uno y un litro de cerveza bien fría. Natasha comió apurada; una vez que una de las extremidades de la salchicha rozó sus labios, empezó a desaparecer dentro de su boca. Su mano, que sostenía la otra extremidad, empujaba con desdén, y sin ni siquiera tener tiempo de respirar o levantar la vista, sus dedos ya estaban sacudiendo las comisuras, limpiando esos resabios de aderezos amarillos y naranjas. Tomó su vaso blanco de plástico y pegó un sorbo. Todo eso en un minuto y pico. Moustapha la miraba, sonriendo como siempre, alegre y con cara de sorprendido, con la mitad de su pancho en una mano y su vasito de cerveza en otra. Le hizo una carita y los dos rieron. Natasha se sostuvo el pecho con las dos palmas cruzadas y eructó silenciosamente para adentro, la garganta se inflo y la nuez hizo un movimiento zigzagueante. Pestañeó, miró a Moustapha y nuevamente rieron, en su idioma, deliberadamente felices; idos.

Hablaban de programas de televisión, de los países donde él había estado, de las mujeres que tuvo y del miedo que a Natasha le producen los aviones. Nunca había subido a ninguno pero afirmaba que los odiaba. Que vuelan alto, van fuerte y pueden chocar, caerse y prenderse fuego, hasta en el agua. Ella decía que lo vio en el canal treinta y ocho. Él sonreía y meneaba la cabeza, con su negrura tiernísima, mirándola a los ojos, le besaba la frente y mientras le tomaba las manos. Moustapha siempre estaba sonriendo, quizás para ocultar lágrimas secas, pero él sonreía, acercándole la boca, juntando los dos alientos, ambos hirviendo, por el deseo, porque la cerveza ya estaba tibia, y porque ellos tomaban de su vasito de plástico, se besaban y hablaban, así hasta que quedó muy poquito y Natasha se prendió del pico para devolverle el envase al kioskero.

Cuando salían del kiosco, un hombre de la colectividad judía salió delante de ellos, ofuscado y bufando vaya a saber porqué, pantalón negro de vestir y camisa blanca, sombrero prolijo y rulitos con vida propia, barbudo y de ojos claros. Mientras caminaba y bufaba, desde el bolsillo derecho se le asomaban un montón de billetes arrugados. La gomita que los sostenía estaba cortada, ennegrecida, podrida. Natasha lo notó al instante, abríó los ojos y le apretó la mano a Moustapha.

- Musti, vamo a meterle caño, vamo a meterle caño que está fácil- le susurraba toda ansiosa en el oído, con esa vocecita tenor- Hay un cana recién sobre Corrientes, corremo para el otro lado y no pasa nada Musti, te lo prometo, dale, por favor- insistía ella con cara de única nieta.

Moustapha la miró, volvió a sonreír y la abrazó paternalmente, metiéndola debajo de su bíceps. La llevó así caminando unos metros, le rascaba la cabeza suavemente y la besaba en la ceja izquierda, a la altura de la cien, dándole dos palmadas en la cola la convenció. Ella caminaba conforme, apoyada en su hombro, enamorada, olvidando en diez metros el fangote que al judío que vendía tela le supuraba del bolsillo.

Caminaron hasta Paso y Corrientes; Allí se despidieron con un beso enorme, sensual, como si estuviesen a punto de entrar en una habitación. Quedaron en encontrarse alrededor de las siete de la tarde en Plaza Miserere, en el mismo lugar donde se habían conocido. Sería una hermosa despedida, como ambos se merecían, llena de ilusiones y promesas, de volver a verse, de amarse para toda la vida. Moustapha entró en un ciber, porque debía escribirle a sus hermanas, y a su vez, chequear los mails que éstas le habían enviado para mantenerlo al tanto de la salud de su madre. Natasha fue para la estación; a eso de las tres, su amiga Karen llegaba desde Ciudadela.

En las canillas del baño de la estación, Natasha lavó sus partes. Acondicionó hasta el último de sus detalles íntimos, puso énfasis en el pelo, masajeándolo con los dedos embadurnados de crema de enjuague en sobrecito. Los hombres entraban y la miraban, los habitúes la saludaban, le hacían chistes sanos, tontos. Los que estaban de paso, o se asustaban o se desubicaban, le regateaban un precio que ellos imponían o le decían groserías en diminutivo. Se vistió. Karen le había traído todo, la ropa interior roja, la calza tres cuartos celeste, la musculosa de algodón azul con la cara de Marilyn Monroe, las zapatillas deportivas bien limpitas con sus respectivos soquetes, una bincha blanca, y un par de aros color turquesa, esos que juntas habían robado en el supermercado chino de Perón y Larrea.

Se pasó crema por todo el cuerpo y salió. Se sentó a esperar, con un presentimiento irresoluto, previendo una desilusión pero sin asumirla, confiando en el amor, contenta y entrelazando los dedos de ambas manos para hacerlos sonar, mirando el piso y enroscándose el pelo, pensando en él, ávida de sus brazos fuertes, su sonrisa y su sexo, literalmente enamorada; y por eso mismo, ocultando un recelo latente que la sacudía. La aterrorizaba la simple idea de que Moustapha no soportase una despedida, que no se animase a decirle Adiós, mirándola a los ojos, prometiendo un regreso.

El tiempo, malditos relojes, los de la plaza y el del celular. La mano le temblaba, pero se había prometido no fumar hasta que llegue Moustapha para recibirlo con un beso apto. No aguantó, prendió el tabaco y lo llamó. Sonó cuatro veces y cortó para que no la atendiera el contestador. Tenía apenas unos pocos centavos de crédito. Volvió a llamar y dejó que suene cuatro veces. Nadie atendió. Ya eran más de las siete y cuarto. Apagó la colilla tan sólo para encender otro rubio. Su mano seguía temblando pero pudo escribirle un mensaje:

Musti miamor veni a la plaza me dijiste que venias a las siete donde estas miamor te quiero ver te extranio apurate.

Se hicieron más de las siete y media. El labio inferior comenzó a temblarle y sus ojos brillosos predecían un volcán de lágrimas gordas. Tomó el teléfono, llamó de nuevo pero esta vez ni siquiera sonó, una voz de mujer madura y española le dijo que esa línea no estaba disponible.

La plaza se presentaba indemne, con esa tormenta de vaho que la oprime, que la hace descansar en la opulencia. El sol se desmoronaba por detrás, otra tarde que moría para que Miserere recibiera otra vez la noche sobre su cemento estéril. A lo lejos, en uno de los bancos, Karen estaba con dos amigos peruanos. Tomaban cerveza del pico. Uno de ellos usaba gorra para atrás y camisa desprendida, el otro estaba en cuero, con un rosario fluorescente colgándole sobre el pecho. Karen le acariciaba la cintura, cerca del ombligo. Mientras jugaba con los vellos enrulados del peruano, vio acercarse a Natasha, llorando, tapándose la cara, con un trotecito de suplente asustado, femenil, de clase de educación física. Dejó la cintura del muchacho y fue a su encuentro. Se abrazaron, Natasha estaba acongojada, su amiga la consolaba mirando a los peruanos, haciéndoles gestos con la cara pero hablándole a ella, con la actitud de alguien que suponía lo que iba a suceder.

Cuando pudo calmarse, Karen le presentó a sus nuevos amigos. Natasha los saludó y empinó la botella con los ojos cerrados; ni bien tragó, hizo un chiste sobre el amor y todos se rieron. Siguió con su religiosa cerveza, hizo más chistes, sobre su panza y sobre la celulitis, que tanto le hubiese gustado tener. El de la camisa comenzó a acariciarle la espalda y ella parecía gozarlo, de todas maneras siguió hablando mucho y con tragos cada vez más largos. Hablaba y hablaba, como si no quisiese dejar una milésima libre que le permitiera recordar la sonrisa del hombre de su vida. El que estaba en cuero sacó un par de porquerías y se metieron de lo lindo, los cuatro, avarientos y apurados. Se envenenaron con urgencia, indómitos, como si todos estuviesen sufriendo la pérdida de un amor perpetuo. Natasha estaba quieta, sosegada, con las venas nerviosas, su corazón era el primer ensayo de una banda punk, sus ojos eran dos brújulas rotas. De repente, Karen la tomó del brazo, se miraron, y señalándole el bolsillo, le dijo que su celular estaba sonando.


miércoles, 30 de septiembre de 2009

ElCaosQueTeParió INFORMA:

Queridísimos y Queridísimas (y todo los demás también)

PRESTEN MUCHA ATENCIÓN

Como veran, ElCaosQueTeParió no ha emitido su habitual edición semanal, pero esto no es una catástrofe, NO SE ASUSTEN!!!

Se trata simplemente de una renovación, o más bien, un progreso. Nos tomaremos un breve receso, y de esta manera vamos a poder darle forma a nuestro nuevo formato. Sí, como lo leen, debido a la gran cantidad de contenido, a la ampliación de incansables colaboradores, a una necesidad estética y a una ambición de crecimiento y creatividad, es que nos hemos decidido a mudarnos al formato de PáginaWeb.

Es preciso aclarar, que no tenemos nada que reprocharle a está excelente, accesible e igualitaria oportunidad que ofrece Blogspot, es más, estaremos eternamente agradecidos por este espacio; y también, que nunca perderemos esa esencia cínica, provocadora y voluntariosa que tenemos los bloggers, pero, esta decisión se basa en un avance de todo tipo, tanto para ustedes los gloriosos y derrotados lectores, como nosotros, los que les manchamos el monitor semana a semana.

Estamos muy contentos con esta nueva vida digital que se viene, y muy prontito tendrán la información pertinente sobre la nueva dirección web donde va a desarrollarse La Revista, y sobre todo, eso que tenga que ver con la nueva modalidad de edición.

MUCHÍSIMAS GRACIAS!!! Por estar siempre apoyando esta movida que tanto nos llena. De una manera u otra, leyendo, difundiendo, recomendando o destruyendo, son ustedes los que hacen que este espacio independiente siga existiendo.

Esperamos que su lectura nos siga regocijando en esta nueva etapa (Odio cuando las maestras de primaria dicen este tipo de cosas en esos actos que andan mal los micrófonos)


En nombre de La Revista ElCaosQueTeParió

Leandro Gabilondo

miércoles, 23 de septiembre de 2009

ElCaosQueTeParió

Hoy, en este semi primaveral MIÉRCOLES 23 DE SEPTIEMBRE:

Queremos saludarnos de una manera distinta! Antes de comenzar a leer ElCaosQueTeParió, hagan clic aquí!!!


- “INICIAR SESIÓN” [Editorial] – Hace diez años que “El Messenger” es parte de nuestra vida. Cada uno lo lleva como puede!!!

-ENTREVISCAOS – Hoy el personaje es Fernando “El Rifle” Pandolfi. Sencillamente imperdible.

- “COMO EN ESA FIESTA DE LA PRIMAVERA” – Columna a cargo de Sebastián “El Negro” Bonaudo.

-“LA MENOS INDICADA” – La Viñeta semanal a cargo de Ezequiel Lúgaro.

-HORÓSCOPO - Las verdades astrológicas según ElCaosQueTeParió.

-“PALABRAS PESADAS” – Cuento a cargo de Rodo Castro

- “EL MATÓ A UN POLICÍA MOTORIZADO ¿Y QUÉ?” – Columna a cargo de Diego Amaya

-YOUTUBEANDO Julio Sosa, el gran varón del Tango, interpretando “Recordándote”



Esto es todo mis queridos!
La semana que viene, puede seguir ampliándose nuestro Staff.
Recuerden que sus visitas y su difusión, son una ayuda inmensa para ElCaosQueTeParió.



SI QUERÉS TENER TU PUBLICIDAD EN ESTA REVISTA DIGITAL:Tel: 011-1564181489Mail: leandrogabilondo@hotmail.com

Hasta el próximo Miércoles!
Que se mejoren!

"INICIAR SESIÓN" [Editorial]


En el año 1999 nacía el archifamoso software conocido como “Messenger”. Durante estos diez años de vida, ha sabido adueñarse de un enorme pedazo de la rutina de muchos de nosotros, se ha vuelto esa habitación digital donde todos descansamos, dormimos en bolas, nos angustiamos, nos aburrimos y nos enamoramos.
En todo este tiempo la cosa ha cambiado, al principio uno se internaba algunas horas en un Ciber (las canchas de Paddle del 2000), y se bancaba ese olor a pubertad transpirada que los caracterizan. A medida que pasaron los años, Internet pasó a ser como la boleta de luz o la de gas, casi una necesidad, por ende, con un laburito más o menos, podías prescindir de garpar el cable, y preferir la posibilidad de poder googlear cuantos habitantes tiene Medellín, bajar pornografía o jugar al poker on line con tipos de Ucrania, desde tu mismísimo hogar.
Así se fue haciendo parte de nosotros esto de pasar muchas horas por el ciberespacio, y el Messenger se transformó en ese programa atrevido que se abre sólo ni bien se enciende la máquina, en ese monopolio sentimental y comunicativo que nos ha cobijado, que nos ha hecho sentir que la soledad es un poco menos hiriente cuando algún “No Disponible” nos dice: “Estás?”.
Dejamos de conformarnos con sólo sentir el ruidito histórico y adrenalínico del titileo naranja, y quisimos más, sin poder acostumbrarnos al cambio en un principio, a esas caritas tristes, sonrojadas y lloronas, hasta llegar a los zumbidos, que hoy por hoy, son el arma letal de los ansiosos, pero sobre todo, de los insoportables. Lo bueno de esto, es que yo sé muy bien que un 99% de las personas que están leyendo este texto, lo entienden, se sienten parte, se muy bien que detestan y festejan las mismas pelotudeces importantísimas de este mambo de andar abrazando gente detrás de un monitor.
Y han pasado infinidades de historias, de tardes y de noches donde hemos estado desesperados, felices, enojados o sorprendidos por esa desubicada total a la que se le murió la abuela y se clava de Nick “Te vamos a extrañar siempre” o “Veo tu cara eternamente en los rincones de la casa”. Sí, sí, es verdad, todos ustedes saben que es verdad, que el Nick pasa a ser un medio legítimo para que cada uno suicide su personalidad, para que cada uno pueda ser ese que siempre quiso ser, demostrar todo eso que nunca hubiese dicho en palabras tangibles, promover fechas de bandas, obras de teatro, revistas digitales que quieren comerse el mundo, fracasos deportivos y opiniones argentinescas sobre la noticia de la semana.
Ni hablar de lo que repercute en las relaciones amorosas de toda estirpe. Es trascendental en todo sentido, por ejemplo, están los esquizofrénicos que se sienten con derecho a saber la contraseña de su pareja, y también están los otros, que precisamente por nunca sentirse capaces de hacer un pedido semejante, han aprendido a confiar, a respetar al otro, y a darle ese lugar que cada persona debe tener para sí. Se complica, aunque uno no quiera se complica, un día sin querer mientras vos chateas con un amigo que ves dos veces al año porque juega al fútbol en Inglaterra, tu chica que está cocinando pasa por la máquina y te relojea un contacto que dice “La chicha *** pendejas de mierda las amo a todas, aguante El Sagrado Guadalupe!!! – como subnick en letra gris -[como se menea, como se menea – te parto nene, te parto!!! ]” Vas a tener que perder una siesta entera explicando que ella te agregó y es la prima de Mariano, una pendeja que ni conocés. O sino, vos pasas mientras ella se cuenta todo con su hermana que también vive lejos, y haciéndote el boludo le ves un contacto que dice “Ignacio – como subnick en letra gris – Ese que te va esperar siempre… y vos lo sabés” Ahí te quiero ver, una licuadora de imágenes que no se la deseas a nadie. Y claro, eso es tema de terapia, porque se cae de maduro que trillones de “garch and go”, “pegamos buena onda”, seducciones inconclusas y grasas, o matrimonios inmortales, han surgido apretando Enter en forma adecuada. Y ahí mismo es que arranca la persecuta universal de todos los usuarios del MSN… ¿Quién no ha pensado y analizado el Nick de la persona que nos importa? Todos, todos, todos, sí loco, todos lo hemos pensado, y nos hemos incendiado la médula sacando fucking conclusiones. Imaginate, discutís a la noche, y al otro día se pone “Estos ojos no lloran más por ti” Faaaaa, te la quema, aunque sabes que le encanta Sabina, pensás ¿Qué es lo que le pasa a esta forra que se pone eso? Seguro está con otro. Y todo es cíclico, va y viene, a ella le pasa lo mismo aunque vos pongas “Uno nunca sabe” junto a un link de YouTube donde dos equipos de básquet amateur se cagan a piñas.
Que se yo, ya es un hábito, un medio por el cuál hemos armado nuestra forma de vida, con usuarios que nunca cierran sesión, que cada vez que entrás están ahí, como “Ausente”, pero están, con un CPU que no se apaga nunca, haciendo un ruido torturante de aspiradora porque tiene el cooler sucio, pero prefirieron eso antes de no estar on line, pendientes a cualquier situación, a cualquier mensaje que pueda solucionarles o arruinarles la vida. En fin, esperan algo, a alguién, o a todos, esperan que se conecte esa persona aunque ellos no estén, esperan comunicarse, recibir la sensación divina de una nueva oportunidad, sentirse vivos, plenos, sabiendo que detrás de las teclas puede estar eso que llaman felicidad, eso que no se sabe que es, que se yo, aunque sea, un Abrazo Digital.

ENTREVISCAOS


En un bar palermitano “El Rifle Pandolfi” dijo que me esperaba en la barra. Bajo la llovizna y el frío llegué, nos saludamos, me pidió una Lágrima en jarrita y me acomodé.
Ese mismo tipo que jugó en Vélez, en el Peruggia de Italia y en Boca, admirado por tipos como Marcelo Bielsa y Carlos Bianchi, un jugador de esos que ya no se ven, pata larga, exquisito y elegante, hoy me estaba esperando para hablar de rock, para hablar de música, para contarme como es ser el guitarrista y cantante de MIL HORMIGAS.
Un personaje único, con acordes y gambetas en cada palabra.


- ¿Cómo fueron tus inicios en el rock?

En realidad más que nada fueron como espectador, de adolescente. Mis viejos no me dejaban salir mucho de pendejo a la calle, pero a los 15 o 16 fui a ver a Los Ratones a Obras.

- Contame de tu primer banda “Actitud Sospechosa”…

Sí, fue la primer banda en que estuve, de la cuál no fui fundador. Era una banda de unos amigos que iba a ver mientras jugaba. Cuando empecé a tocar la guitarra también comencé a ir a los ensayos y ahí arranqué con ellos, luego de un tiempo que habían estado separados. Duró dos o tres años. En ese interín grabamos un disco. Después el proyecto tomó un sentido equivocado, no había mucha armonía en el grupo, se fue disolviendo todo y dejó de existir. Con los que nos llevábamos bien decidimos seguir haciendo música, y justamente con Fran que es el guitarrista (se conocieron en “Actitud”), congeniamos mucho, nos reuníamos en mi casa o en la de él a tocar, a componer, y de un día para otro empezamos a juntar gente. También el Bobby que tocaba el saxo, trajo un batero, y así empezamos a zapar con nuestras canciones y algunos covers. Empezó a funcionar y yo era el único que se animaba a cantar porque ya había tomado algunas clases de canto para hacer coros en “Actitud”.

-En Mil Hormigas ¿Las canciones las escribe el “Rifle” Pandolfi?

La mayoría por ahí sí, porque soy al que más le gusta escribir, pero hay temas de Fran que son hermosos, temas enteros o letras. Fran influye mucho en lo musical. Entre él y yo se compone todo.

-Mil Hormigas ya tiene dos discos ¿Se puede decir qué hay una evolución pero siguiendo una misma línea?


Sí, puede ser, es que no sabemos cuál es esa línea. Nosotros nos empezamos a juntar y éramos cinco pibes a la deriva que queríamos hacer lo que nos gustaba, que era música y terminamos teniendo un proyecto propio porque nos fuimos copando, pero no había algo definido o que estilo hacer y sigue sin haberlo. Hay una cuestión de necesidad de hacer canciones, y es ese el costado más beatle. En el sentido que no hay prejuicio en cuanto estilos. El primer disco fue algo que se dio así porque creíamos que para salir a tocar necesitábamos tener algo grabado. En ese disco (“De tierras, torres y turros”) hay un tema de Pity Fernandez (Ex guitarrista de “Los Piojos”, líder actual de La Franela) que se llama “Hoy te salgo a buscar”. Lo tocaba con nosotros siempre en la sala, nunca lo había hecho con “Los Piojos”, y nos dijo que lo hagamos, que lo grabemos que nos quedaba bien. También grabamos una versión reggae del tango “Nada”, y ese primer trabajo tiene un sonido muy crudo, no berreta, pero está grabado en la sala, es básico. El segundo (“El Lenguaje de las arterias”) tiene un poco más de producción, años de ensayo, temas que se probaron en vivo antes de ser grabados, un poquito más de experiencia.

-Hablando de The Beatles, o de covers como arranca toda banda. Más allá de la amistad ¿Los Piojos son influencia?


Yo te puedo decir que sí, para los demás no creo. Yo era el único que de pendejo era muy fanático. En cuanto a nuestra banda, no sé que puede haber de similitud, pero sí, calculo que es una de las bandas por la que mucho gente hizo rock después, como yo, o cambió su circuito de música, porque antes era más rocanrolero, muy Ratones viste, y cuando fui a ver a Los Piojos me flasheó, en vivo era una fiesta. Mil Hormigas es distinto, nada que ver, no hay un showman que sea el frontman, yo toco la guitarra, canto, pero seguramente en algún rincón hay cosas cercanas, calculo que la sensibilidad, las canciones sensibles, y de eso, Los Piojos tienen mucho. Ellos me hicieron acercar a un montón de música, no solo al rock. Después que se yo, hay un muchas cosas que influyen en Mil Hormigas, Los Stones, a Diego, el batero, le gusta mucho The Police, y una banda en la que todos concordamos que nos gusta mucho es Las Pelotas. Ni hablar de Los Redondos, Sumo, La Renga, aunque bueno, tratamos de que nada se parezca.

Fernando habla de bandas como éstas, sobre todo de Los Piojos, y su cara se ilumina, le sale ese pendejo barderito que sería viviendo en Caseros, ese que hoy sigue asomando.

-¿Cómo vivís el Rock Independiente de hoy? Porque más allá de la repercusión que puedan tener, cuando ves como se mueve Mil Hormigas, te das cuenta que todavía siguen en ese lugar.

Y ojalá lo podamos mantener toda la vida…

-Porque hoy yo te estoy haciendo una entrevista a vos y es inevitable dejar de lado que sos el flaco que Carlos Bianchi decía que la rompías…

Sí, del pasado uno no puede renegar, uno es hoy por lo que hizo, por lo que fue, pero ya hace ocho años que no juego más, y lo que quiero es que algún día pese más el nombre Mil Hormigas que mi pasado. Como toda banda independiente, sabemos que el camino es largo, y es lo interesante también. Ojalá nunca dejemos ese camino y podamos hacer lo que nos gusta y nos de la gana.

- Para bien o para mal, la movida rockera en nuestro país se ha futbolizado hace un tiempo ¿Vos le ves algo en común al fútbol y al rock?

La otra vez me hicieron una nota en Córdoba y hablé de esto. Me parece interesante la pregunta porque yo soy de los que creen que no tiene nada que ver una cosa con la otra, y vengo del fútbol, trabajé de eso. Para mi todo esto nos llevó a que el público de rock crea que es una barra brava, y a su vez eso nos llevó a una tragedia como la de Cromañon. Todos fuimos parte de esa inconciencia, yo también he estado en lugares cerrados donde prendían bengalas, y para mi era parte del espectáculo, sin conciencia de lo que podía pasar. Parte de la inconciencia del argentino. Yo nunca fui partidario de que se futbolice el rock, porque no tiene nada que ver una cosa con la otra. El fútbol es un deporte que se convirtió en un negocio, una pasión de multitudes que es inexplicable como toda pasión, y la música es más abierta, podés ser apasionado de una banda y no por eso no dejas de ir a ver a otras, no tenés que hacer un fanatismo, un color, una guerra con otra banda. Incluso acá el periodismo quiso hacerlo en los noventas con Los Redondos vs Soda, Los Piojos vs La Renga, etc, guerra que los músicos luego se tuvieron que encargar de desmitificar.

-¿Creés que arriba del escenario sos parecido al futbolista que fuiste?

Creo que como dijo Menotti, uno juega como es en la vida. Yo soy un tipo tranquilo, que no le gusta que le rompan las pelotas y no me gusta joder a los demás. Busco divertirme, y la música es algo que hoy por hoy… yo no vivo de de la música, pero sí estoy vivo por la música, y ojalá lo sienta toda la vida.

-¿Tuviste algún bardo en su momento por tu lado rockero dentro del fútbol?


Y sí, yo ocupaba mi tiempo libre en otras cosas y bueno, como tenía que ver con el rock, la noche, etc, todo estaba mal visto. Sobre todo por mi perfil, que no me callaba nada.

-Me acuerdo al “Lobo” Cordone cuando hizo un gol jugando para San Lorenzo a Olimpo, y se fue corriendo hasta donde estaba Falcioni, y en su cara, le mostró una remera de “Actitud Sospechosa”…

See, ese día se enteró que la fecha anterior le había dado positivo. Dos veces le dio, pero bueno, ya pasó. Con el “Lobo” siempre me veo, aunque sea una o dos veces por año lo veo.

-¿Te quedaron “amigos rockeros” del fútbol?

Sí, el “Lobo”, “el Gallego” Mendez, Bassedas, Manusovich. Es gente que le gusta el rock. Hay un montón de pibes de esa época con los que compartíamos el gusto rockero. Con quién más compartía era con Christian Bassedas.

En la tele del bar aparece “The Fixer”, el nuevo video de Pearl Jam de su último disco. “Que banda loco” me dice, “Ves, esa es otra banda que me encanta”. Ya los dos nos dispersamos en otra cosa, le avisa al amigo que tenía al lado que mire el video, estuvimos los tres medio hipnotizados mirando a esa enorme banda yankee. Guardé mis cosas, quise garpar la lágrima y no me dejó, “Andá, andá, pago yo”. Fue hasta su auto, trajo “El lenguaje de las arterias”, y antes de irme le dije:

-Bueno, para terminar tirame las próximas fechas de Mil Hormigas.


Te juro que no tengo idea…

Así jugabas al fútbol vos eh…

"COMO EN ESA FIESTA DE LA PRIMAVERA" - Por Sebastían "El Negro" Bonaudo


"El negro Sastián está esperando que se estrene una película de esas que le gusta a él"




Cuando éramos chicos, una semana se hacía una eternidad para esperar la contestación de una chica a la que le habías dicho que gustabas de ella. Pero parece, según charlas con amigos que fui teniendo en la vida, que esa medida de tiempo era un clásico, era estándar, la chica te decía “dejámelo pensar” ó “te digo en una semana”, ó “el sábado que viene te digo” y justo era sábado, entonces tenías que aguantarle a la angustia durante siete días más, era un horror.
Entonces se te venían días de mucha actividad, sobre todo informativa. Aparecían las amigas, las amigas de las amigas, los novios de las amigas, la prima del novio de una de las amigas, todos en escena, y sabías que el dato hacía más posible la historia todavía. Los círculos de espionaje estaban de uno y otro lado, porque tus amigos y sus entornos también se transformaban en fuente para los otros. Era imposible negarse a ese juego, había que bancarse toda esa semana y no sabíamos para qué, porque de última todo el mundo sabía que ibas a terminar “arreglándote”.
Más bien que esperabas, qué carajo importaba. Andabas hecho un boludo en la escuela, no te importaban un pomo los deberes, ni los análisis de oraciones ni las cargadas de compañeros. No ibas “a práctica”, como le decimos en los pueblitos lindos a jugar al fútbol para un club, no ibas a básquet, no ibas a karate, no ibas a inglés, no ibas. La novela que estuvieran mirando en tu televisor te hacía pensar en esa chica, entonces apuntabas cada cosa que te pasaba por dentro y por fuera, esas marcas que se hacen piel como las heridas de caídas de cuando éramos chicos, más chicos que en ese entonces.
A esa altura de la vida ya pudimos tomar nota, sacarle la ficha, a las que no se podían empardar: que te contestara que sí o que no, daría un resultado a favor o en contra de las que hemos encarado, pero no es el punto, si te lo ponés a pensar ahora. Lo importante pasaba en esa semana, en esos días, ahí estaba la papota, la cosa en serio era esa. Hoy es más lindo recordar eso que el sí, que el beso (salvo el primero, y el segundo), que lo que hayan dicho los demás al momento de “arreglarte”.
Así que no me vengan con que es difícil ser feliz, loco. Si cada vez que están con alguien que cicatrice ese recuerdo pueden alcanzar un momento sublime entonando “como en esa fiesta de la primavera” para empezar, se hará mucho menos cansador.
Te vas a acordar de canciones y de personas, de chicas que andaban o no andaban de novio en ese momento, de las que vos gustabas y, si existían, las que gustaban de vos pero a vos no te gustaban ni en pedo pero crecieron y te parecían increíbles “potras” pero ya era tarde, te acordás de todo eso y ahora me venís con que no se puede ser feliz, dejémonos de joder.
Siempre algo te acordás del comienzo de la primavera que te lleva a un momento feliz, entonces no me vengan con boludeces. Feliz primavera y listo.

LA MENOS INDICADA - Por Ezequiel Lúgaro


HORÓSCOPO

ARIES: No le creas a tu nutricionista que te dice que ella puede recomendarte Fernet y Whisky “Light”.

TAURO: De tanto “Hazte Fan” en Facebook, comprenderás el budismo, porqué tu hermano viaja en tren hasta Tucumán para ver a San Lorenzo, y porqué en Israel se viven cagando a tiros.

GÉMINIS: Ten en cuenta que ninguna de las personas que usan el concepto “Freak”, sabe darte un argumento preciso. Yo menos.

CÁNCER: Aguilar.

LEO: “No hay más defensa que todos los errores cometidos” Charles Bukowsky.

VIRGO: ¿De qué te sirve jugar al orgulloso y no llamar por dos semanas? Si cuando te llame, atenderás en el primer tono y llorando le contarás lo mal que estuviste. Es la misma mierda con distinto olor, che. Media pila.

LIBRA: “El problema es que yo siempre soy muy sincero”. Todo muy lindo, pero es un problema tuyo.

ESCORPIO: Practicando una “Brutality” te enteras que Kung Lao es hermano no reconocido de Rayden, que la madre de ambos era un re gato y que se enfiestaba con todos los shaolines. Vos muzza!, que quede acá!

SAGITARIO: Siembra sueños, cosecharás paranoia.

CAPRICORNIO: Basta de utilizar la frase “¿A papá mono con banana verde?”. En serio, basta, ya todos saben de tu soberbia infundada. Es más, comenzarán a decirte “Ahí viene El Navarro Montoya hincha de Ferro”.

ACUARIO: Dejá de contarle a cada persona que conocés, esa puta costumbre que tenés de ponerle mayonesa a todo!!! Debés entender que no sos ni simpático, ni gracioso por lo que hacés, simplemente, sos un asqueroso.

PISCIS: Si creés que hace veinte minutos haz descubierto al “amor de tu vida” arriba del 108, y ella se está bajando tres paradas antes… No bajes. No era.

"PALABRAS PESADAS" - Por Rodo Castro

Se la tenía jurada, no puedo negarlo. Desde aquel verano del ’86, cuando frente al frontón me dijo eso sobre mi padre.
En aquel tiempo, el Gordo Saldaño era un pendejo insoportable. Se la pasaba burlándose de todos, y sus amigos le festejaban las ocurrencias. Yo lo detestaba en silencio. Claro que a mí nunca me había dicho nada, por lo menos hasta esa tarde en que nos trenzamos. Cuando dijo lo que dijo, primero no lo podía creer, después lo corrí con la paleta por todo el club, y tuvo suerte de ser más rápido que yo. Durante todo ese verano fui al club con el único propósito de agarrarlo.
A la noche, cuando me acostaba, pensaba en estrategias para encontrarlo descuidado, y darle la paliza que se merecía. Lo tiraría al piso, me sentaría sobre su abdomen y lo golpearía hasta hacerlo arrepentirse por lo que había dicho de mi padre. Pero cada vez que iba al club, por un motivo u otro, el Gordo se me escapaba.
Más pasaba el tiempo más odio acumulaba, y ya no era sólo contra él, sino también contra su madre, que me miraba como si yo fuera un infeliz. Esa vieja que no sabía qué clase de hijo tenía. “Usted no se meta, el problema es entre él y yo” le dije una vez que, después de correrlo desde la salida del club, se me metió en su casa. Ella repetía que el gordo era un nene, que lo perdonara, a lo que yo le respondía “ya es grande, ya sabe muy bien lo que dice”. El Gordo tenía doce años y yo diecisiete.
Así estuvimos por dos años. Lo esperaba a la salida del colegio, en las matinées, en los bingos que organizaba la asociación cooperadora del club y en cualquier evento que se armara en la ciudad. Pero un día, las persecuciones terminaron. Su padre se presentó en mi casa. El viejo Saldaño se disculpó en su nombre y en el de su hijo y me pidió que por favor dejara de perseguirlo. Yo le expliqué lo que el Gordo me había dicho y él entendió mi reacción, por lo que llegamos a un acuerdo. Me dijo que si llegara a enterarse de que su hijo me provocaba, él mismo me lo traería a casa para que yo lo fajase. Acepté el trato, pero mi odio por el gordo no aflojó ahí no más. Cada vez que llegaba al club y lo veía jugando en el frontón, me daban ganas de darle un paletazo. Sin embargo había hecho una promesa y debía cumplirla, porque así soy yo. Por otro lado, pude notar como el Gordo comenzaba a respetarme. Cuando yo llegaba al frontón, él, sin decir nada, solito tomaba sus cosas y se iba. Poco a poco mis ganas de pegarle se fueron diluyendo. Pese a que me temía, nunca sentí pena por él.
Con el tiempo lo fui perdiendo de vista. La última vez que estuvimos cara a cara fue en un picadito que jugamos en el club. Él, por ese entonces tendría unos veinte años. Antes de comenzar el partido se me acercó. Yo elongaba en el área grande, para evitar posibles desgarros. De pronto escuché “Miguel”. Cuando giré lo ví al Gordo Saldaño que se me acercaba tímidamente. Me puse de pie y comencé a ejercitar movimientos de cintura balanceándome hacia uno y otro lado. Él, con una sonrisa amable, me tendió la mano para saludarme. Yo, sólo dije: Ya no pienso pegarte, pero tampoco te perdono. Di media vuelta y, haciendo un pique corto hasta el corner, lo dejé pagando. En el partido apenas nos cruzamos. Mostré toda mi indiferencia y me sentí bien.
Ambos crecimos tratando de evitarnos. Por veinte años no volvimos a estar cerca. Yo dejé de ir al club cuando me casé. Él, no sé que habrá hecho.

El martes pasado a la mañana, estaba con mi nieto cuando me enteré por la radio que el viejo Saldaño había muerto. Quise llamarlo al Gordo. No hablaría de nuestro inconveniente, pero sí le expresaría mis condolencias. Sin embargo, luego creí que sería mejor presentarme directamente en el velorio. Le daría un abrazo y tal vez, si él estaba de ánimos, conversaríamos respecto a lo que ocurrió en aquel entonces.
Me imaginaba entrando en la casa fúnebre, entre el silencio y el respeto de los allegados, y los llantos y el desconcierto de la viuda y sus cuatro hijos. En el medio de la sala estaría el viejo Saldaño descansando en paz y, junto al cajón, en una punta, el gordo, sentado mirando el piso, con sus manos sosteniendo su cara roja y sus pelos transpirados. En la cocina estaría la pobre vieja, que desde la pelea con el gordo siempre me miró mal, siendo asistida por sus tres hijas.
Primero, permanecería en la entrada, charlando con algún amigo en común. Si, llegado el caso, alguien me preguntara qué hacía allí, yo solemnemente respondería que estaba dispuesto a olvidarlo todo. Buscaría desde ahí establecer un contacto visual con el gordo, para que él supiera que yo, pese a nuestras diferencias, estaba ahí por respeto a su difunto padre y a su familia. Luego, en el momento que creyese oportuno, me acercaría hasta el cajón y me persignaría frente al muerto. El gordo debería ponerse de pie y ahí nos abrazaríamos sin decir una palabra.
Toda la mañana, desde que me enteré, estuve pensando en el Gordo y en nuestra pelea. Sabía lo que él estaba sufriendo, porque yo lo había sufrido mucho antes, por la época en que jugábamos en el frontón. Y pese a que ésta vez sentí piedad o lástima o no se que cosa por el Gordo, igual no pude ir a saludarlo, porque todavía no puedo perdonarle lo que aquella vez me dijo de mi padre.

"EL MATÓ A UN POLICÍA MOTORIZADO ¿Y QUE?" - Por Diego Amaya


¡Tocada! Ahí, dejando asomar el ruido blanco de sus canciones, entre la anarquía controlada de El Otro Yo y la épica feliz de la poesía de Rosario Bléfari en los noventosos años de Suárez, se esconde El Mató. Con el ritmo taquicardico de Los Brujos, el power punk obsesivo de los Massacre Palestina, cuando aún no eran la octava maravilla de la escena rockera, con su Mamut domesticado para mascota de los grandes festivales. Una banda de la ciudad de La Plata (tierra fértil para el cultivo del rock mas heterogéneo) de las pocas que ha elegido no patinar por un sueño en el andrajoso pantano del under, y transformarse en algo así como la evolución del Indie chabón, de modo que los empleados de Musimundo no sepan en que góndola poner sus CD’s.
El Mató es la banda que ni vos ni yo hubiésemos escuchado nunca hasta que la escuchamos. Y ahí radica su poder. En el encanto que sobrevuela y perfuma con olor a héroes a los personajes que habitan en sus pequeñas historias musicales, capaces de subirse al techo de su casa con un rifle para ver desde allí el desastre, y de pedirle a su amigo que lo ayude con su auto (otra vez) para viajar a lugares nuevos. Canciones que desde la cama invitan a jugar un sábado de sol por la tarde, despabilando las dudas perpetuas de aquellos que por vivir lejos nunca supimos con certeza si no nos visitaban por cuestiones geográficas o simplemente porque no éramos lo suficientemente copados. Melodías abatidas que cargan una esperanza abrumadora que te sacan pasaje de ida al medio de la nada y te dejan ahí, solo, como comiendo una costeleta con la AM bajita y sin perro que espere por el hueso, quizá la mas Van Damme de las soledades.
El Mató a un Policía Motorizado editó tres discos que yo no tengo y que vos tampoco vas a comprar, pero ojalá tengas a alguien cerca para que te levante del piso cuando te caigas de culo en el momento en que te peguen de lleno en el pecho las guitarras huracanadas, al borde del acople, que son como los efectos especiales del cine de terror más bizarro, como subirse a un Chevrolet 400 modelo setentaypico puesto a laburar de remís trucho en el conurbano con un chofer que vaya escuchando Sonic Youth. Esa trilogía conceptual, encierra navidades sin sidras ni garrapiñadas, haciendo cumbre en la agridulce depresión que reina mientras alguien le arranca de contrabando las pasas de uva al pan dulce; evoca la espera por el regreso de alguna chica rutera y anhela amigos que sueñan con un mundo mejor; y anuncia su presagio más apocalíptico para el fin de los tiempos, y el nacimiento de una nueva era. Siempre apoyados en estribillos que te hacen casitas en el árbol de tu memoria y se te quedan a vivir, utilizando palabras que encajan como en el tetris y conjugan esa tormenta eléctrica que se desata con una economía de acordes que hasta incomodan.

El Mató compuso las canciones que nunca va a tocar con su guitarra de regalo de cumpleaños el pibe que ameniza los fogones del día de la primavera y que a vos tanto te gusta. Pero cuando la celebración termine, el fuego se apague y te alcance esa sensación de felicidad porque sí, de tristeza encubierta y sientas ganas de reír pese a todo, serás la estrella fugaz de alguna canción que nunca nadie tocará para vos.

YOUTUBEANDO


Link: http://www.youtube.com/watch?v=FSsB8fjQsQs&feature=related

Duración: 3min, 08 seg.

El inolvidable Julio Sosa, El Varón del Tango, interpretando “Recordándote”.

Este ratito de nostalgia y de placer, me ha llevado a querer compartir con todos ustedes, la letra, este poema tanguero que nunca se cansará de recorrer el tiempo.


RECORDÁNDOTE (Letra: José de Grandis – Música: Guillermo Barbieri)

Indignado por el opio que me diste tan fulero,

francamente, estoy cabrero y jamás olvidaré

que una noche embabicado, te juré que te quería,

mucho más que al alma mía y que a mi madre también.

Te acoplaste al cotorro de este vate arrabalero

y te juro, hasta diquero por tenerte se volvió,

se acabaron las verseadas de mi numen peregrino,

si era el verso más divino llevarte en mi corazón.


En mis noches de lirismo, por los tristes arrabales,

rimé tiernos madrigales que a tu lado deshojé.

Puse vida en cada estrofa, mi amor, mi paz y ventura,

y la inefable ternura de tu alma de mujer.


Cuántas noches en mi rante bulincito de poeta

una lágrima indiscreta furtivamente cayó,

pensé que fueras el verso más intenso de mi vida,

porque aún sangra la herida que tu espiante me causó.

Ya que sabes el secreto de lo mucho que he sufrido,

decime quién te ha querido con más intensa pasión,

y del fondo de tu alma, silenciosa, cruel y cruda,

la hiriente verdad desnuda te dirá: este chabón.



Hagan clic, suban el volumen y disfruten!
Abrazo Digital

miércoles, 16 de septiembre de 2009

ElCaosQueTeParió

Hoy, en este insensato MIÉRCOLES 16 DE SEPTIEMBRE:

- “EL ZAPATERO DE BUSH”
[Editorial] – Han dejado en libertad al periodista iraquí que llenó de justicia el mundo por unos segundos.

- LA MENOS INDICADA – La Viñeta semanal a cargo de Ezequiel Lúgaro

- “QUIERO ESCAPAR DE ESTE SUEÑO” – Columna a cargo de Sebastián “El Negro” Bonaudo.

- “LAS MANOS” – Cuento a cargo de Rodo Castro

- HORÓSCOPO - Las verdades astrológicas según ElCaosQueTeParió.

-SIEMPRE ESCRIBIENDO SIEMPRES – Hoy, tres poemas: “Llueve sobre Berutti”, “Resisto” y “El tiempo”

-“CUADERNOS” – Columna a cargo de Diego Amaya

-YOUTUBEANDO – Pequeño homenaje a los más grandes, The Beatles.

Esto es todo mis queridos!
La semana que viene, puede seguir ampliándose nuestro Staff.
Recuerden que sus visitas y su difusión, son una ayuda inmensa para ElCaosQueTeParió.



SI QUERÉS TENER TU PUBLICIDAD EN ESTA REVISTA DIGITAL:Tel: 011-1564181489Mail: leandrogabilondo@hotmail.com

Hasta el próximo Miércoles!
Que se mejoren!

EL ZAPATERO DE BUSH [Editorial]


Resulta que al periodista iraquí, Muntazer al Zaídi, quién el año pasado le gritó “Perro” y le revoleó un zapato a George W. Bush, lo han dejado en libertad. Estos insultos se tratan de lo más ofensivo en la cultura musulmana, por lo tanto, es evidente que Muntazer se habrá dicho, “si la hago, la hago bien”. Esta actitud, fue festejada casi como un campeonato sobre la hora por el pueblo iraquí, y por gran parte del mundo árabe.
Por atacar a un jefe de estado, las autoridades de Irak lo habían condenado a tres años de prisión, pero esta condena ha sido reducida, y sólo ha padecido nueve meses en la cárcel. Al Zaídi, ya fuera de la “Sierra Chica” iraquí, ha denunciado torturas de las más crueles y cobardes, de las más tiranas, ha sido picaneado durante toda su estadía carcelaria y ha sido sometido a distintos métodos perversos de lesa humanidad.
En nuestro queridísimo y tantas veces hipócrita país, cuando se habla de ciertos temas, como por ejemplo la última dictadura militar, según el criterio con el que se arriba a la cuestión, hay una fracción bastante grande de gente que cree que es una de las armas más viles de la demagogia y hasta por decirlo de alguna manera, lo ven como un acto de “cursilería política”. Obviamente, mucho más en esta etapa donde según la palabra que menciones, en seguidita nomás te hacen un tilde en la frente, te hacen esa marca que tanto nos caracteriza, la de dividir las aguas. Según qué digas, estás de un lado o estás del otro. Pero señores, por favor, dejenmé, permitanmé decirles, que esa estrategia y esa moda es tan chabacana y tan eficiente como morbosa. Armar todo un escenario precioso para que la gente elija a los más lindos de un lado, y a los más feos del otro, es lo que siempre han querido: Dios o El Diablo, Lanus o Banfield, Plata o Mierda.
Así y todo, con lo confuso y filoso que es hoy por hoy hablar de aquella etapa nefasta de nuestra Argentina, haré algunas relaciones que se me vienen a la memoria. Por ejemplo, si nos vamos a los años setentas, vamos a poder notar como en Latinoamérica, han ido escalonándose los gobiernos impuestos por abuso de poder, los golpes militares, que en efecto dominó, fueron aconteciendo en todo el continente; apoyados, sin ningún tipo de escrúpulos por los Estados Unidos de América. Así sucesivamente, asesinando olímpicamente todo ese aire nuevo, ese nuevo hombre que asomaba la cabeza por estas tierras, ellos fueron aliándose con cada una de nuestras fuerzas armadas latinoamericanas, y nos devastaron. No sé si ustedes lo han relacionado, pero la tortura que ha recibido el periodista iraquí, la famosa “Picana”, ha sido el juguetito nuevo con el que la gran mayoría de los militares latinoamericanos de esa época se divertía. Y fíjense que casualidad ¿no?, parece ser que no es tan difícil aprender este tipo de prácticas, a estos milicos iraquíes también les sale muy bien esto de torturar. Y los maestros, han sido siempre los mismos, de la misma escuela, y de la misma bandera. Han sido hasta familiares, nietos, padres e hijos. Los grandes “próceres” del mundo, a los cuáles hemos recibido con grandes honores durante nuestra “democracia”. Como por ejemplo cuando nuestro presidente Carlos Saúl Menem recibió a George Bush (Padre) en el Congreso en el año 1990, y luego, el diputado Luís Zamora lo repudió verbalmente, Menem salió en defensa estricta del norteamericano. Este mismo que defendió a un asesino universal, es el mismo que ha privatizado hasta tu cepillo de dientes y te ha vaciado desde los sueños hasta las ganas de hacerle el amor a tu esposa, y a su vez, esa misma presidencia, ese mismo mandato, hoy, es utilizado como ejemplo socio-económico por el partido de derecha que ganó en las últimas elecciones legislativas en amplias y fundamentales zonas del país. Y, Ojito!, atienda bien, estos no han ganado por la fuerza, han ganado por el voto popular, han ganado por su voto, o por el del que esté a su lado, que son los mismos que han aprendido a dividir las aguas, han aprendido a juzgar que las cosas son blancas o negras, y se han armado un discurso perfecto. Digamos, son esos que creen que cuando haces este tipo de relaciones, o bien, traés a la memoria cosas que han pasado nada más hace cuatro décadas, se acomodan la corbata y prepotean que eso se trata de bolcheviquitos, de remeritas con la cara del Che agujereada, que vos no viviste esos días ¿Qué carajo sabés?, te la cuentan ahora esos montoneritos de Recoleta, con barbita chetacomunista, caretatrostskista tu pantalón retro, hermoso chamuyo leninista para levantarte a la pendeja del CBC de sociología… les diré que sí, que lamentablemente de eso también hay, como en toda ideología humana está la farsa, sí, sí, hay, y muchos, pero es sólo cuestión de hablar dos palabras, te puedo asegurar que te das cuenta quién es quién, pero también, te das cuenta que se puede hablar de eso, sacar conclusiones y reflexionar los errores, los horrores y las mentiras históricas del país donde te levantas todo los días, y no por eso, formas parte de todo ese clan de personajes, que al fin y al cabo, son tan ilusos, tan rehenes, tan periodistas sin zapato en la mano como vos.

LA MENOS INDICADA [ Por Ezequiel Lúgaro]


QUIERO ESCAPAR DE ESTE SUEÑO [Por Sebastían "El Negro" Bonaudo]


"Al Negro Sastián le gusta la web de Isabel Torner"



Desperté de un sueño hirviente, volcánico, y temblando. No es que en medio de la noche no tenga esa costumbre, se da bastante seguido, aunque en otras oportunidades son ensueños húmedos que me sacan del buche, de un pestañazo, la posibilidad de estar con una mujer (no bestial sino común y corriente) que idealizo cada tanto, mientras duermo. Esta vez no pude retomar, eran cerca de las cuatro de la mañana y esperé hasta que salga el sol, furioso y sin pegar un ojo. Pero no era una mujer quien me angustiaba, era otra la tristeza.
La sensación no era de pesadilla, porque me atormentaba la idea de lo que ocurría dentro del sueño mismo pero aceptaba esas reglas de juego, no era como encontrarse queriendo correr y moviendo lentamente las piernas mientras te corre un loco con un hacha.
Era un día festivo, aparecía gente a saludarme, me daban besos y regalos, libros, discos y “te quiero mucho”, decían estar gratamente contenidos en mi presencia, se copaban todos conmigo. Yo asentía a sus saludos, abrazaba a quienes me abrazaban y devolvía besos y “yo también” como siempre, pero algo en ese ambiente fatal que proponen los sueños pesados no podía impugnarse: el mundial de fútbol empieza el mismo día de mi cumpleaños y lo soñé tan real que mete miedo.
…Hoy es 11 de junio de 2010, cumplo años y ni ánimo tengo de festejar. No es por el caballo cansado ni por los golpes que da ninguna vida, menos en mí que soy un tipo feliz. La cosa es más profunda, diría yo una crisis de identidad pero no de papeles sino de sentimiento, de mis sensaciones y del poder que tienen estos sobre mí.
Empieza el Mundial de Fútbol y es como un programa sobre Pool o Billar en ESPN, no le interesa a casi nadie, por más que haya destacados practicándolo. El debut del campeón Italia en Johannesburgo es un dato apenas relevante para medios especializados, no hay enviados de los canales menos pudientes y los movileros de programas de chimentos no están en Sudáfrica porque no hay ningún show que mostrar, apenas están los de TN y Telenoche, más los colados de traje y apariencia perfectitos de Fox-trot Sports. Es el primer mundial sin Argentina en 40 años.
Ya quedaron en el olvido las puteadas a Maradona, Messi, Agüero y los subordinados del humo mediático que propone el fútbol, igual de dolidos todos desde octubre tras los partidos en Núñez y Montevideo. Perdimos la chance de tener otra vez una ilusión potable como cada cuatro años, hasta que un equipo más ordenado y serio nos desmorone, como cada cuatro años, nacionalizamos una idea de juego sobre un plan que no existió, como nunca, les dimos nuestro respaldo y entregamos la llave de nuestros sueños a tipos que nunca propusieron siquiera una estrategia, y así de pálidos, gélidos, nos abanderamos a un inexpresivo Así nos fue. Quise convertirme al uruguayismo para poner cara de “lo intentamos” cada vez que quedemos fuera de cualquier cosa o se note que somos horribles, como ellos vienen desde 1950 festejando un Maracanazo al que se le están muriendo todos los testigos. Ya ni como los chilenos podemos ser, porque se avivaron y llevaron un DT para llegar al mundial.
Con las cuotas de transpiración pagas logré sacarme la mufa de encima. Desperté de ese horripilante momento y pensé en una cosa: bañarme. Una vez limpio y seguro, me di cuenta que no era todo cierto. Era 11 de junio, cumplía años y empezaba el mundial. Pero no era uruguayo.

LAS MANOS [Por Rodo Castro]

Recién al entrar al hospital, y no antes, fue que entendí que mi vida estaba dando un vuelco. No sé de que manera, pero empecé a sentirme distinto. Tantos años de terapia para encontrarlo y encontrarme y ya estaba ahí, a sólo unos metros.
Me registré en la entrada. Luego, una enfermera me condujo por un corredor frío, como los de tantas películas que miré en mi adolescencia, hasta que llegamos a una galería de invierno rodeada de grandes ventanales. Por un instante me dejó solo y sentí lo que debe haber sentido Boby cuando lo soltamos con papá en el medio de un campo, por haber mordido a mamá. Desde los costados llegaban murmullos que no alcancé a descifrar.
Al fin regresó, dándome permiso para pasar y unas breves instrucciones que olvidé ni bien abrí la puerta y lo vi a él, a Alvarito, postrado en una silla de ruedas, igual a la que imaginé todo este tiempo en que no tuve el coraje de visitarlo, después de lo del balcón. Se encontraba en el patio del geriátrico junto a una fuente de flores, charlando animoso con otros internos en un estado similar al de él. Me fui acercando lentamente, desde atrás. Es difícil de explicar; pero cuando vi esa cicatriz diametral y rugosa dividiendo en dos la parte superior de su cabeza de anciano, sentí como si un pedazo de pasado comenzara a completarse y toda la fuerza que había juntado para decidirme a verlo se hizo añicos a medida que avancé hacia él. Tan así que estuve a punto de tirar todo por la borda y marcharme, pero me dije que debía ser valiente y seguí. Sus amigos que estaban de frente a mi se fueron yendo atolondradamente cuando me vieron llegar. Alvarito pareció no comprender por qué hasta que girando alrededor de su silla me puse frente a él. Yo no supe como mirarlo y él no volvió a abrir la boca, hasta solo un rato después.
A Alvarito lo conocí hace unos treinta años atrás, cuando con mis padres nos mudamos a un caserón de Palermo. Yo recién comenzaba la escuela y él ya tenía la edad de mi papá. Alvarito era mi vecino y mi único amigo del barrio. El pobre había sufrido una fiebre intensa después de nacer que le había dejado como secuelas un marcado retraso mental y una deficiencia esporádica de sus brazos y sus piernas: por momentos, al caminar, movía todas sus extremidades sin control, como si hubiese metido los dedos en el enchufe. También solía hablar solo y colocar extrañamente su cuello. A mi me enojaba mucho cuando mis amigos del colegio me decían: “Anda a jugar con Alvarito el loquito”. Y yo claro que iba a jugar con Alvarito, porque era mi amigo, además era tan alto que parecía un gigante y me divertía la idea de tener a un gigante de amigo.
Con nosotros, en el caserón, vivía una señora llamada Nora. Ella se encargaba de los quehaceres domésticos y de cuidarme mientras mamá y papá trabajaban. Todos los días, cuando volvía del colegio, me iba a la casa de Alvarito. Él me esperaba para tomar la chocolatada que su mamá, Haydee, nos preparaba. Mientras merendábamos mirábamos los dibujitos de superhéroes en la televisión. Luego, jugábamos con los muñecos que mi papá me había regalado para mi cumpleaños número seis. Como Alvarito no tenía muñecos yo le prestaba los míos.
Aún no logro comprender por qué, pero el asunto es que un día se me hizo la idea de que podíamos transformarnos en superhéroes, como los que veíamos en la tele. Se lo dije a Alvarito y él, como si tal cosa, enseguida estuvo de acuerdo. Entonces comenzamos a pensar en que debíamos hacer. Lo más certero que se nos ocurrió fue que en algún lugar secreto existía una máquina, y que si pasábamos a través de ella, por algún mecanismo mágico que no lográbamos explicarnos, nos transformaríamos nomás en superhéroes, pero como nos dábamos cuenta de que nos iba a resultar muy difícil conseguir la máquina pasamos a creer que habría otra forma.
Una noche, estaba acostado en mi cama pensando en mi transformación cuando vi a través de mi ventana el balcón de la casa de Alvarito. Me dormí feliz, acababa de descubrir la manera. Al día siguiente cuando llegué del colegio, saludé rápidamente a Nora y me fui a la casa de mi amigo sin sacarme el guardapolvo. Él me esperaba con la chocolatada y se desilusionó al ver que no llevaba mis muñecos, pero cuando en secreto, al oído, le dije lo que había descubierto, empezó a aplaudir, a saltar y a pegar alaridos de felicidad. Haydee tuvo que venir desde la cocina para darle unas suaves caricias en su cabeza de pelos y granos, y cuando estuvo segura de que su hijo ya estaba calmado y su corazón débil no corría riesgos, nos dijo que nos portáramos bien y se fue con su canasta a hacer las compras al almacén de la esquina.
En cuanto quedamos solos le dije que era el momento. Ascendimos sigilosamente por las escaleras metálicas repletas de polvillo hasta que salimos al balcón. Yo iba adelante, sin embargo pude sentir como Alvarito comenzaba a mover sus brazos y sus piernas inorgánicamente. Estaba nervioso. Me volví, lo tomé de la mano pese a que se resistía y mientras avanzamos le dije que no tuviera miedo, que pronto seríamos superhéroes. Pero cuando llegamos a la cornisa del balcón y vi la altura y el patio descomunal frente a nosotros me sentí más chico de lo que ya era. Sentí pánico pero tuve el valor suficiente para controlarme y me dije que debía ser valiente. Tomados de la mano subimos el escalón que daba fin al balcón y principio al vacío y a nuestra transformación. Él estaba ansioso, esperando mi seña. Le dije que contaría hasta tres y me miró con ojos impacientes y vivaces. No fueron los mismos ojos que me miraron hoy cuando lo fui a visitar al hospital.
Cuando comencé a contar cerré los míos, y al llegar a tres fue como si el tiempo se detuviera. Luego sentí los gritos desgarradores de Alvarito y vi a dos enfermeros que abriendo las puertas de vidrio corrían hacia nosotros y absolutamente todo se me hizo claro, mis manos ocultas entre retazos de memoria empujando un cuerpo frágil que se rompía y ensangrentaba sobre el piso de laja del patio de Haydee y mientras trataban de contenerme yo gritaba ”transformate Alvarito transformate” y le pedía perdón por ser tan cobarde, mientras lo observaba desde arriba del balcón, con la seguridad de que de un momento a otro se pondría de pie y volando llegaría hasta mi, pero Alvarito ya no gritó más y quedó quieto.
Nervioso bajé las escaleras y me fui a casa. Me encerré en mi pieza y desde ahí observé el balcón.
Al poco tiempo mis padres, ya hartos de los rumores en el barrio, decidieron mudarse nuevamente. Nunca más lo volví a ver hasta hoy a la mañana. Estuvo mudo y serio todo el tiempo. De repente en su rostro se dibujó una sonrisa como de quien ha descubierto algo. “Rodolfito, sos vos. Tanto tiempo” me dijo y atinó a levantarse para abrazarme pero no pudo, y yo me fui del hospital sin conseguir que Alvarito me odiara por lo que le había hecho.

HORÓSCOPO

ARIES: A dos meses de tu noviazgo, te agarrará de sorpresa, te meterá en un shopping para que elijas las zapatillas que se te plazcan. Cuando te las vayas a probar, te darás cuenta que tenés puestas medias bordó de toalla, agujereadas y húmedas.

TAURO: No creas que sos un “artista” porque no te podés dormir nunca antes de las cuatro de la mañana. Le pasa a mucha gente, en serio.

GÉMINIS: Si de las últimas diez veces que hablaron por teléfono, terminaste llorando y con hipo, o te la bancas, o amputate la mano.

CÁNCER: Tu hija de siete años te preguntará porque las madres de sus amiguitas, dicen que hay que prender fuego esas casitas que están al lado de la vía donde viven nenes pobres. Hacete cargo.

LEO: Quiero ser tu impaciencia.

VIRGO: Harás un “Gran DT” con el nombre y el DNI de tu novia. A dos fechas del final del campeonato te dejará por un actor de Teatro Off con el que tiene mucha piel. El le dirá que cambie al “Chavo” Desabato por “Satanás” Paez; quien hará seis goles en la última fecha (dos de chilena, uno pasando al arquero, dos de palomita y uno de taco que pega en palo y entra). Ganará la fecha y saldrá en la tapa del Clarín. Ella y su familia pondrán un abogado. No te darán un mango.

LIBRA: Harás el CBC de Abogacía en Ciudad Universitaria. Pegarás onda con mucha gente del interior, prometerán “que no se corte”, y nunca, pero nunca más en la recontra puta vida, volverás a verlos.


ESCORPIO: Siempre que lo necesites, te quedarás sin crédito. Debes asumir que de eso se trata la vida.

SAGITARIO: Luego de una terrible picada con mucha birra, te meterás en el baño durante media hora y te leerás unos tres o cuatro cuentos de Juan José Saer. Ni bien salgas, tocará timbre la hermosísima hermana adolescente de tu amigo que vive con vos, y necesitará usar el baño. Ella nunca olvidará ese momento.

CAPRICORNIO: Tus suegros te invitarán a un almuerzo. A punto de recibir el postre, ya es tarde para darte cuenta que el tinto te pega mucho al mediodía. Tartamudeando y con cara de bodega, le dirás a tu suegra: “Burgueses, sus pesadillas son nuestros sueños”. Tu novia te pedirá un tiempo.

ACUARIO: Nunca te animarás a decirle al simpático almacenero de la esquina, que tu nombre no es ese con el cuál, él te saluda todos los días. Relajate, no se lo expliques nunca, pero si algún día le debes mucha guita, tratá de ser lo más honesto posible.

PISCIS: Encontrarán en tu patio un container mexicano repleto con Efedrina. Sorprendido, boquiabierto, objetarás que es para consumo personal, y lagrimeando le dirás a la yuta que te drogás porque tus padres están separados.

SIEMPRE ESCRIBIENDO SIEMPRES

Hoy, tres poemas dejarán de descansar sólo en mi disco rígido:


LLUEVE SOBRE BERUTTI

Entonces, claro, por supuesto,
Sófocles y mi tragedia en tus labios,
que me olvidan o se pudren,
y cada vez más fuerte llueve sobre Berutti,
donde vos ya ni respiras, ni lloras,
sólo quedan poemas pobres y borrachos,
una mesa sucia de tus pelos,
con tu sigilo porfiado,
que vuela sobre mi insomnio,
tan cruel y absurdo como el agua cruda de tu sed,
que nos zambulle en lo playito del amor,
ahí donde se ahogan los Poseidones de la espera,
esos náufragos insensatos
que nunca han aprendido a desesperar.


RESISTO

Caigo otra vez en la barbarie, me asusto y busco fuego.
Sujeto a la luz de alguna estrella, resisto y soy la tierra.
Agua. Aire. Usted. La sangre y Dios. Nadie. Otros.

EL TIEMPO

No solo he sido tu esfinge potable,
he sido tu esperma canción,
tu ciudad despierta, tu vino muerto,
tu vómito preciso, y mucho más,
aún cuando los árboles han querido ser mártires del futuro,
he llorado sin vergüenza,
para que todos escuchen,
que el amor no ha sido en vano,
sólo que el tiempo… el tiempo es una obsesión.

CUADERNOS [ Por Diego Amaya]


Hasta no hace mucho (aceptando el tiempo tal como se nos presenta) llenaba cuadernos transcribiendo formaciones de equipos de partidos ficticios que, incluso, calificaba según las normas (y las Raqueles) que "El Gráfico" estableció. Entre "excelente" y "muy malo" siempre preferí "intenso". Me gustaba elucubrar que sensaciones o que certezas movían al hombre a cargo de tamaña responsabilidad a categorizar noventitantos minutos de fútbol bajo ese término. Las más de las veces "intenso" era la denominación que recibían aquellos encuentros en los que se anotaban una buena suma de goles, pero su desarrollo en cuanto a las habilidades técnicas y (o) tácticas de los protagonistas había sido de dudosa calidad. Trámites más bien vinculados con el vértigo y la efectividad austera que con el buen gusto. Alguna macana grosera y al menos una expulsión reforzaban la elección.
De ese modo, resultaba figura (con no más de 8) algún mediocampista con cierto atrevimiento para desafiar las leyes científicas que imperan en la dinámica del juego y aparecerse en lugares de la cancha fuera de su hábitat natural y marcar un gol; o bien el arquero rejuntando méritos en ocasionales atajadas pochocleras, en tanteadores finales de 3 a 2 ó 3 a 1.
También solía retratar alguna que otra gesta hazañoza de cuadros menores que derrocaban al poder imperial y burgués de clubes rechonchos de pornográfica ostentación, que adquirían los servicios de los más pintados para ser finalmente sometidos por la Grecia Colmenares de las instituciones barriales menos pulentas.

Otras veces arrancaba bruscamente del anonimato a hombrecitos minúsculos, venidos al mundo para tener una existencia ennegrecida por las sombras del éxito, y los transformaba en héroes efímeros otorgándoles facultades linderas a la nobleza, el honor y la dignidad. Y que también supiesen jugar más o menos bien a la pelota. Holweger (Néstor. Segundo marcador central. Salido de Boca. Pasó por El Porve. Termino en Nicaragua) solía ser mi preferido. Lo vestía con la 10, lo sospechaba morocho y quizá alto. Desgarbado, apocado. Y lo soñaba enfrentado a la denodada tarea de gambetear defensores inescrupulosos, arteros; en partidos turbios, malparidos, con árbitros de impune desidia ante la injusticia. Lo percibía en festejos cabizbajos y medidos ante la felicidad de un gol, sin gestos ampulosos que ameriten furias tribuneras. Podía verlo aceptando con hidalguía silenciosa alguna murra que lo estrellara contra el piso sin el cobarde alarde de mendigar una amarilla, ni andar haciendo piruetas televisivas para el horror clase turista de los señores engominados de osca disciplina que analizan el fútbol que, desde el fútbol, no supieron entender.


Holweger, en mis cuadernos, sabía perder.
O, mejor dicho: sabía que ganar era otra cosa.

YOUTUBEANDO


Link: http://www.youtube.com/watch?v=BD3ovfZXO5Q

Duración: 7min. 01seg.

En un pequeño homenaje a The Beatles, les proponemos que se relajen, que se regalen siete minutos de sus vidas para ustedes, y se deleiten con “Hey Jude”.

Hagan clic, suban el volumen y disfruten!
Abrazo Digital

miércoles, 9 de septiembre de 2009

ElCaosQueTeParió

Hoy en este beatle MIÉRCOLES 9 DE SEPTIEMBRE:

- “2012” [Editorial] – Ese miedo que nos hacen sentir a todos, de una forma u otra, las famosas predicciones de Los Mayas sobre el fin del mundo.

-“A LOS SUSURRADORES DE VEREDA” – Columna a cargo de Sebastián “El Negro” Bonaudo.

-LA MENOS INDICADA – Se inaugura la sección de Viñetas a cargo de Ezequiel Lúgaro.

-HORÓSCOPO - Las verdades astrológicas según ElCaosQueTeParió.

- “EL SETENTA Y SEIS”- Relato a cargo de Rodo Castro.

- “YO SE QUE VOS TAMBIÉN” – Columna a cargo de Diego Amaya.

- YOUTUBEANDO - Publicidad de la cerveza australiana Carlton Draught Beer. Imperdible.

Esto es todo mis queridos!
Recuerden que sus visitas y su difusión, son una ayuda inmensa para ElCaosQueTeParió.


SI QUERÉS TENER TU PUBLICIDAD EN ESTA REVISTA DIGITAL:Tel: 011-1564181489Mail: leandrogabilondo@hotmail.com

Hasta el próximo Miércoles!
Que se mejoren!

2012 [Editorial]

Según las predicciones de la antigua Cultura Maya, en el 2012 llega el final de una Era Cósmica, es decir, “El fin del mundo”. Parece ser que en el 3.113 A.C, los Mayas le dieron fecha de nacimiento al “Quinto Sol”, la Era en que vivimos, y la fecha de vencimiento que le pusieron, cae justo dos años después del Mundial africano que no sabemos si vamos a jugar.
Así que la cosa es así, te guste o no, siempre que pueden, cuando salís de Hotmail, de Yahoo, etc, te aparece esa noticia, aunque sea muy diminuta, pero te la tiran. Todos los canales: los de aire cuando no saben que poner, y los más altos, tipo el treinta y pico, también te manijean con la data de cómo viene la mano para morirnos todos juntos dentro de unos tres años. Lo peor de todo, es que si les prestás un poquito de atención, es imposible no flashear con esos terremotos, huracanes y erupciones volcánicas que te los describen como si fuese una despedida de soltero, como si ellos estuviesen disfrutando de verte abrazando a la petisa que atiende el Lave-Rap mientras se abre la vereda y te chupa la tierra, al Obelisco volando hasta caer de punta en Jonte y Segurola, a las viejas de Chapadmalal levantando el tejo con una ola marrón soplándole la nuca o a un tachero con el auto inundado de lava, que llorando grita que todo está pasando porque este país está lleno de zurdos y tendrían que haber vuelto los militares.
Que se yo, lo tengo que admitir, yo me hago el que no pasa nada pero cada vez que me hablan del tema hacé de cuenta que me depilan el pecho con cera, y no es que sea tannn macho con el torso corte pulóver, no, soy standard, algo así como la camiseta de Vélez pintada con pelo, más tirando a poco que a mucho, pero la cera que usaba mi vieja y sus amigas me dejó una imagen muy cruel, casi fóbica, entonces se me vienen ese tipo de cosas a la cabeza cuando escucho que Los Mayas la pegaban en todas, que si no ganaban… empataban, que tenían un margen de error de un vello vaginal, que no era chamuyo, que eran grosos de verdad.
Ahora, a lo que voy es esto, ese miedo perpetuo que todas estas noticias, informes y películas nos sacuden por la cabeza, creo sinceramente que no se trata de encontrarnos con la muerte masiva, ni mucho menos con ese lugar común de morirnos sin poder hacer lo que siempre quisimos; es decir, no se trata de un juego de la revista Cosmopolitan que pregunta: ¿Qué harías si sabés que quedan dos horas para el fin del mundo?, y ahí claro, toda esa demagogia de que uno garcharía hasta quedar escuálido, me siento a releer el capítulo 7 de Rayuela, me acuesto en mi cama a escuchar Strawberry Fields Forever, abrazo a mi perro, nos morimos abrazados para en otra vida seguir juntos, como pollo con la mano, salgo a la calle a gritar que yo manejaba el avión el 11 de Septiembre, le digo a mis viejos que soy gay, la busco hasta el cansancio a Jazmín Stuart, la acaricio y le digo que la voy a amar por siempre, lo busco a Facundo Arana y sin ningún tipo de pudor le pido que hagamos 69 en una catarata de arroyo, me voy a Cocodrilo y lo cierro para todos mis amigos, toco “Stand by me” con mi guitarra criolla en la vereda o manejo un Manuel Tienda León llevando a “Los Palmeras” hasta Ezeiza, porque siempre fue mi sueño. En fin, un plantel de rugby de trivialidades que se pueden decir en un cumpleaños de una amiga de un amigo tuyo, que conociste en las vacaciones del 2007. La onda está, en que se trata de otra cosa, de algo mucho más terrible y espantoso, una pesadilla que no tiene consuelo ni abuela que te despierte de la siesta, de algo tan horroroso de donde no se vuelve, se trata nada más y nada menos que de La Soledad. Sí, sí, como leyeron, porque imagínense ustedes, todas muy precisas las predicciones de nuestros antepasados, todo muy rico, pero, ese vello vaginal de error que pueden tener, te puede tocar a vos. Pero claro querido, te puede tocar a vos. Pensá, quilombo terrestre de la puta que lo parió, fuego heavy, agua cruda, lava Light, granizo de pomelo/naranja/limón, viento con GPS y todas las forreadas que se le puedan ocurrir a la naturaleza. Se vino el mundo abajo, todo ha muerto, no queda nada de nada, sólo las ruinas de la miseria. Y de repente, abrís los ojos, comenzás a gritar, a festejar que te salvaste, que no podés creer el ojete que tuviste, que vos sos uno de los Mesías rockeritos que ha quedado vivo, que vos estás entre los elegidos, porque obviamente, tu ego va a creer que te salvaste porque sos un fenómeno y que todavía te quedaba mucho para dar. De tanto gritar, estás casi sin voz, sin nada ni nadie, solo e intentando que alguien te escuche, y no podés aceptar que ya nadie más anda por acá hermano, ya nadie más te escucha, ni te reta, ni te hace al amor, ni te lee, ni te canta, ni te odia, ni te sorprende, ni te resiste, ni te entiende, ni te llora, ni te explica, ni te duele.
Caés, percibís el puto presente y caés, quieras o no caés que estás solo, caés que no tuviste ojete ni que has sido elegido porque sos un capo haciendo covers de Sui Generis, sólo que has sido el vello vaginal, has sido el margen de error, y ahora, andas por una nueva Era, por un nuevo mundo, esperando a que aparezcan no sé que especies, y recorriendo las ruinas de las plazas. Esas donde te has enamorado, esas donde has sido feliz, y en el otro mundo, no te habías dado cuenta.